
Ante las dificultades y oscuridades no nos podemos desesperar, porque vive el Señor, la vida eterna él nos da, él es nuestro arco iris que nos permite ver más allá y avanzar con alegría, ya que gracias a la fe en él, podemos decir: gloria aleluya, el Señor Jesús, vive por siempre. Animémonos pues, después de la tromenta siempre viene la calma.

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